El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado un aumento en los precios del petróleo, lo que beneficia directamente a Rusia. Esta situación ha permitido a Rusia aumentar sus ingresos por la venta de petróleo, ya que controla una parte significativa del suministro mundial. La restricción en el movimiento del petróleo a través de este estrecho clave ha puesto de relieve la importancia de Rusia como proveedor alternativo, impulsando aún más sus ganancias.
Este incremento en los ingresos petroleros proporciona a Rusia una ventaja económica significativa en un momento en que enfrenta sanciones y presiones económicas internacionales. Los fondos adicionales permiten al Kremlin mantener su gasto militar y apoyar sus operaciones en el extranjero, incluyendo su participación en el conflicto en Ucrania. La situación geopolítica actual, por lo tanto, favorece indirectamente la posición económica y estratégica de Rusia.