¿Puede la Compasión Salvar el Planeta? Una Conversación con Karen Armstrong
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Karen Armstrong explora cómo la compasión, arraigada en las principales religiones, es crucial para abordar los problemas globales y construir un mundo sostenible.
En 2008, Karen Armstrong, tras ganar el Premio TED, reunió a pensadores religiosos para actualizar la Regla de Oro, dando origen a la Carta para la Compasión. Este documento promueve la justicia, la equidad y el respeto universal. La carta ha inspirado una red internacional con cientos de organizaciones y más de 75 ciudades, desde Karachi hasta Belfast, demostrando su alcance global. La compasión, según Armstrong, no es solo una buena idea, sino un imperativo global urgente. Debemos tratar a todos con la misma consideración que esperamos recibir.
Una ciudad compasiva, según Armstrong, debe ser incómoda ante el sufrimiento del mundo, especialmente en Occidente, donde el privilegio a menudo bloquea la conciencia de las dificultades globales. La Regla de Oro exige que la benevolencia no se limite a nuestro grupo afín. Debemos extender la compasión a todos, independientemente de su origen. Esta perspectiva desafía la cultura del 'yo primero', enfatizando la necesidad de una conexión humana más profunda.
Armstrong reconoce la importancia de la autocompasión, pero advierte que no debe ser el único foco. En su libro 'Doce pasos para una vida compasiva', la autocompasión es el tercer paso, seguido de otros nueve que culminan en el amor a los enemigos. Debemos vernos como un colectivo, reconociendo que la alienación es tan peligrosa como el cambio climático. La falta de compasión, según Armstrong, se manifiesta en la indiferencia ante el sufrimiento de otros, como se observa en la cobertura mediática occidental.
Karachi, Pakistán, es un ejemplo inspirador de cómo la compasión puede integrarse en la educación y la vida cívica. Allí se ha establecido una red de escuelas que incorporan la compasión en el currículo. Fueron los propios niños quienes solicitaron al alcalde que Karachi fuera una ciudad compasiva, buscando una comunidad con más igualdad y seguridad. Este enfoque demuestra que la compasión puede ser una fuerza impulsora para el cambio social, comenzando desde la base.
Armstrong encuentra esperanza en la participación de empresarios en la promoción de la compasión, reconociendo su capacidad para convertir ideas en acciones concretas. Los empresarios saben cómo una idea puede integrarse en la estructura de la vida, no solo en buenas intenciones que llevan al agotamiento. La autora enfatiza la necesidad de enfrentar el mundo con amor y mantener un estado de 'incomodidad' para impulsar el cambio. La perseverancia y el amor son clave para superar el desaliento y construir un futuro más compasivo.