Operativos ucranianos insertaron plantillas térmicas con explosivos en envíos destinados a unidades militares rusas, aprovechando la red de voluntarios y organizaciones benéficas rusas para su transporte.
Cada plantilla contenía 1.5 gramos de TNT, una carga pequeña pero efectiva para causar lesiones graves a corta distancia. El objetivo principal no es la destrucción física, sino generar desconfianza en los suministros y paralizar las cadenas de suministro.
Este tipo de sabotaje explota las vulnerabilidades en las cadenas de suministro militares, obligando a tratar cada entrega rutinaria como una posible amenaza, según Treston Wheat, jefe de estrategia geopolítica en Insight Forward.