La proximidad de Pakistán a Irán, compartiendo casi 600 millas de frontera, lo convierte en un observador clave de los eventos en la región.
Además, la presencia de una población chií considerable, similar a la de Irán, añade una capa de complejidad a las relaciones internas y externas del país.
Esta situación se agrava por la dependencia de Pakistán de las importaciones de hidrocarburos, lo que lo hace vulnerable a las fluctuaciones de precios causadas por la inestabilidad regional.