En Hungría, Fidesz, el partido gobernante, capturó a los trabajadores y al electorado rural, que antes eran la base de los socialistas. Fidesz promovió una agenda social-populista, atacando a las multinacionales, los bancos y la globalización, resonando en la sociedad húngara. El científico político Bocskei cree que Fidesz restauró el estado como cuidador central, ofreciendo protección y vendiendo la narrativa de estar siempre al lado de los ciudadanos.
En la República Checa, la estrategia del partido ANO, que combinó promesas de bienestar con temas culturales controvertidos, atrajo a votantes que se autodefinen como de derecha o de centro, pero que en realidad comparten valores de izquierda. La analista Klara Votavova señaló que en la política checa existe una fuerte narrativa que asocia la derecha con la democracia y la izquierda con la oposición a esta. La estigmatización del pasado comunista también afectó a la percepción de los partidos de izquierda.