¿Atacar a los multimillonarios es la clave? El debate sobre la estrategia política de la izquierda para ganar a la clase trabajadora
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El artículo analiza la estrategia de los progresistas de atacar a los multimillonarios para ganar apoyo de la clase trabajadora, argumentando que podría ser contraproducente.
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En el panorama político actual, tanto la derecha como la izquierda populista buscan chivos expiatorios para encender las pasiones públicas y convertirlas en votos. La estrategia de los progresistas, envidiosos del éxito de Trump con la clase trabajadora, se centra en atacar a los multimillonarios. Sin embargo, esta táctica podría ser un tiro largo, ya que Trump ha demostrado ser un maestro en explotar las pasiones oscuras que moldean la política actual, como la ira, el miedo y la dominación. El populismo de Trump fusiona las quejas culturales y económicas de los trabajadores estadounidenses, mientras que los progresistas se enfocan en la distribución desigual de la riqueza y el poder.
Los votantes sin estudios universitarios tienen preocupaciones más inmediatas, como el alto costo de la vida, y temen que los demócratas se inclinen demasiado hacia la izquierda en temas sociales. El Working Class Project, que ha encuestado extensamente las actitudes de los trabajadores sin estudios universitarios, se muestra escéptico ante la idea de que el populismo de la izquierda haga que los votantes sean más receptivos a los demócratas. Los votantes de la clase trabajadora interpretan los ataques demócratas a la riqueza como un castigo al trabajo duro y al éxito, cuando en realidad desean que se combata la corrupción y el abuso del sistema.
La senadora Elizabeth Warren y otros demócratas, en una carta abierta a su partido, argumentan que los multimillonarios y los intereses corporativos han capturado el sistema político, erosionando la credibilidad del partido con la clase trabajadora. Warren critica a los demócratas que abogan por moderar las posturas en temas culturales y económicos, proponiendo una lucha más frontal. Esta postura se basa en la idea de que los demócratas podrían galvanizar a una mayoría oculta de estadounidenses si abogaran por una regulación gubernamental más estricta de las empresas y un estado de bienestar más amplio, al estilo europeo.
Sin embargo, surge la pregunta de si Warren y compañía han aprendido algo del fracaso de la 'Bidenomics' para influir en los votantes de la clase trabajadora. Los demócratas prometieron un gran cambio y entregaron inflación. Ahora, a medida que las carreras de mitad de período se calientan, algunos candidatos demócratas han adoptado la postura anti-multimillonarios. James Talirico, ganador de las primarias del Senado en Texas, afirma que la única minoría que está destruyendo el país son los multimillonarios.
Muchos legisladores progresistas proponen gravar a los ricos con impuestos sobre la riqueza para financiar recortes de impuestos para la clase media o servicios públicos. Sin embargo, expertos como Ben Ritz señalan que los impuestos sobre la riqueza son notoriamente difíciles de cobrar y no generarían tantos ingresos como sus defensores imaginan. Incluso en California, el gobernador Gavin Newsom se opone a un impuesto sobre la riqueza impulsado por los sindicatos, argumentando que aceleraría el éxodo de empresas del estado.
El artículo menciona que hay aproximadamente 900 multimillonarios en Estados Unidos. El autor argumenta que atacar a los multimillonarios es un mero espectáculo político que evade el desafío central de los demócratas: convencer a los votantes de que tienen un plan serio para impulsar el crecimiento económico y aumentar la productividad de los trabajadores. Esta es la condición indispensable para elevar los niveles de vida y desbloquear la movilidad ascendente para todos los trabajadores estadounidenses.