Tech Médica4 min27 mar 2026

¿Demasiado rápido? La revolución de la lentitud en la era de la IA y cómo la atención plena puede ser la clave.

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En un mundo impulsado por la velocidad, la atención plena y la lentitud emergen como herramientas esenciales para la salud mental y la sostenibilidad.

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¿Demasiado rápido? La revolución de la lentitud en la era de la IA y cómo la atención plena puede ser la clave.
Desde los consejos de Ralph Waldo Emerson sobre la paciencia hasta las enseñanzas de Lao Tzu sobre la naturaleza, la lentitud siempre ha sido asociada con la sabiduría. Sin embargo, en la actualidad, esta perspectiva ha adquirido un tono de urgencia. El economista francés Timothée Parrique, en su libro 'Slow Down or Die', publicado en mayo pasado, advierte sobre la locura de maximizar el crecimiento económico a costa del colapso social y ecológico.

El filósofo y economista japonés Kohei Saito también aborda esta temática en su manifiesto 'Slow Down' de 2024, señalando cómo la obsesión por el crecimiento del PIB contribuye al sufrimiento colectivo y a la eventual desaparición. La psicoterapeuta y autora Francis Weller, en su colección de ensayos 'In the Absence of the Ordinary: Soul Work for Times of Uncertainty', destaca cómo la velocidad constante en la vida moderna nos impide apreciar lo esencial.
En la era de la IA, donde la persona promedio consume más información en un día que alguien del siglo XV en toda su vida, la lentitud se vuelve esencial. Las personas están atrapadas en la carrera de la rata, llevando vidas estresantes y sobreconectadas. La atención plena, en este contexto, emerge como una herramienta para desacelerar y cultivar el bienestar.

La práctica de la atención plena ofrece una forma tangible de reducir la velocidad, permitiendo a las personas desconectarse del modo 'hacer' para sumergirse en el modo 'ser'. Esta transición tiene un impacto significativo en nuestra percepción interna de la velocidad, como lo señala el académico Andrew Olendzki.
Andrew Olendzki, experto en mindfulness, afirma que la práctica de la atención plena es una forma tangible de desacelerar. Nos invita a abandonar el modo 'hacer' para sumergirnos en el modo 'ser', aunque sea por un breve período.

Esta práctica tiene un impacto tangible en nuestra percepción interna de la velocidad. La investigación muestra que los meditadores a largo plazo presentan frecuencias respiratorias más lentas que los no meditadores. La capacidad de desacelerar fisiológicamente puede aportar deliberación a los esfuerzos acelerados de la vida moderna.
Desacelerar implica desaprender la adicción a la velocidad impuesta por la información y la tecnología. El antropólogo Thomas Hylland Eriksen distingue entre el 'tiempo rápido' (como escribir un correo electrónico) y el 'tiempo lento' (como crear arte).

En este sentido, la atención plena puede ser un apoyo para reorientarnos hacia el ritmo de la respiración y la naturaleza, y para trabajar con la mente. La proliferación de libros sobre 'Slow Birding', 'Slow Productivity' y 'Slow Pleasure' sugiere una creciente necesidad de reconectar con la naturaleza y el tiempo lento.
La lentitud, como aconsejaban Lao Tzu, Emerson y Weller, nos invita a tomar ejemplo de los ritmos naturales. Weller recordaba a su mentor Clarke Berry, quien operaba a velocidad geológica: el ritmo de las eras, de los milenios, grabado en nuestros huesos.

Al concedernos el tiempo y el ritmo de la piedra, recordamos valores como la paciencia, la moderación y la reciprocidad. La atención plena puede ayudarnos a dar forma a sistemas que prioricen la lentitud, aunque no resuelva los problemas políticos y económicos. La clave está en ser conscientes del ritmo que habitamos, y en notar lo que sucede cuando nos desaceleramos para conectarnos con el mundo.