Maggie Rogers, quien creció asistiendo al Kennedy Center, expresó su temor y su creencia de que ninguna administración debería dictar cómo sentirse, especialmente cuando ese sentimiento compartido es lo que conecta a las personas.
Joan Baez, por su parte, consideró devolver su honor del Kennedy Center, pero decidió no hacerlo, ya que significaría 'admitir la derrota' frente a un 'matón' que intenta 'despojarnos de nuestras libertades'.
Baez y Rogers interpretaron un dúo juntas, cantando canciones que abogaban por la libertad y contra la censura.